2.9.07

La okupación, un gesto radical

Ocupamos estas páginas, quizás para reiterar algunas obviedades, pero con la convicción de que en el gesto radical de la okupación se juega un cuestionamiento de fondo a la lógica del sistema global y al pacto que nos propone; que la ocupación forma parte del conjunto de los movimientos sociales emergentes a nivel mundial, abriendo en su acción problemáticas de fondo que trascienden la mera reivindicación del problema habitacional, asunto que es de suyo legitimo teniendo en cuenta las millones de personas que sobreviven sin techo; sin embargo esta cuestión irreductible del derecho a una vivienda no agota la propuesta política y cultural implicada en la okupación.

Rescatamos estos tres puntos recién mencionados como posibles ejes para proyectar el movimiento okupa, porque desde ellos podemos encontrar algunas claves para repensar, resignificar, reinventar y revitalizar nuestras prácticas.

(I) La ocupación contiene un fundamento filosófico-político y una crítica radical al concepto que sustenta a la sociedad occidental, este es el concepto de propiedad privada del cual deriva el culto al trabajo y la acumulación originaria, operándose en este trance la captura de nuestro tiempo de vida al cual precede el pacto de obediencia a sus leyes, este fundamento lo encontramos en la acción misma de ocupar que confronta la articulación simbólica del orden social; allí donde admitimos la propiedad privada admitimos la separación individuo/sociedad, lo privado y lo público, etc. La ocupación rompe con esta lógica adentro/afuera, lo mío/lo tuyo, abriendo las puertas a otro modo de habitar en la disputa concreta del territorio.
La ocupación no es un elemento negativo, dialécticamente opuesto a la propiedad privada, no es su anverso, sino que en su emergencia disuelve, diluye, borra en la acción misma el concepto de propiedad revelándolo en su absurdo y desocultando la fragilidad del pacto que nos proponen. La ocupación es la creación de un nuevo espacio que en su conformación desterritorializa la propiedad privada como categoría de vida, por lo tanto como sentido común del capitalismo. En la ocupación esto no es tuyo ni mío, ni tampoco nuestro, sino que se reconvierte el espacio en su apertura, transformandose en un lugar habitable, circulable, discutible, transitable, transformable. La okupación no busca la abolición de la propiedad privada, sino más bien, la colectivizacion de la propiedad.
El acento en la problemática político-filosófica de la okupación que tratamos de instalar se aleja de la diferenciación entre las distintas formas que se dan en esta práctica, no nos interesa establecer como centro de discusión la differance en que si ésta se escribe con “k” o con “c” como ha aparecido en algunos artículos con pretensiones intelectuales. Es necesario mirar con distancia estas opiniones pues sólo están hechas con la clara intensión de dividir las posibilidades de esta práctica, fragmentándola y tratando de provocar la incomunicación, la discriminación entre las distintas modulaciones que tiene la ocupación: como reivindicación de la vivienda (ocupa con “c”), centro social o centro cultural (ocupa con “k”). Sea cual sea la tonalidad que adquiera la ockupación, conlleva un cuestionamiento radical al sistema neoliberal de captura biopolítica1, en este sentido es que nos interesa y somos ocupa, por que desde esta impronta atacamos uno de los nódulos de la realidad que nos intentan imponer, desarmando y desmontando el concepto de propiedad privada, poniendo al descubierto toda una serie de disposiciones gubernamentales que apuntan por medio de la propiedad al control y sujeción de los individuos. La ocupación subvierte la relación que establece la legalidad, derribando muros, liberando espacios e instalándonos en nuevas formas de hacer y pensar la comunidad, proponiendo nuevos modos de vida asociativa, de organizaciones afectivas, deseantes, móviles, horizontales, no jerarquizadas y no capitalizables.
La práctica de la ocupación se erige en la sociedad como elemento de disrupción con la forma de proceder de la legalidad, tomándose los lugares vacíos, inhabitados e improductivos, operando desde ahí una nueva relación con el espacio y el territorio en un proceso de resignificación de los lugares tomados y de desobramiento para los fines del capital. Con este gesto radical de toma, de okupación lo que emerge es la pugna y el conflicto, ya no por los medios de producción, sino una lucha por las posibilidades de vivir de otro modo, de otras formas de vida que interrumpen la cotidianidad homogénea de la ciudad, como forma de corte de la especulación inmobiliaria, abriendo sus trazas de encierro y volviendo a la ciudad en un tejido inestable, rompiendo los cercos e instalando en ella líneas de fuga, ampliando sus márgenes y rompiendo sus límites.

(II) La acción okupa aparece por allá por los años 80, teniendo su antecedente histórico en los motines y huelgas de los siglos anteriores y encontrando a sus pares en los procesos de tomas de terreno en la década del 60 en Chile, las tomas de industrias por parte de los trabajadores en Argentina en la década del 90, el movimiento Sin Tierra en Brasil, etc. en donde la singularidad emerge en la propuesta cultural de mantener la condición de seres precarios, a la intemperie y la irrupción de una traducción estética o artística de los conceptos políticos a través de una propuesta contracultural (intervención, instalación, performance, etc).
Esta breve reseña denota una permanencia en el tiempo del movimiento okupa, que como práctica no corresponde a un fenómeno nuevo sino que se ha ido desplazando por el continente Europeo y por el resto del planeta durante varias décadas. Movimiento que emerge en cada lugar con distintas tonalidades, intensidades y sellos propios. Pero ningún movimiento social es capaz de mantenerse en el tiempo sin que en ellos se provoque un natural desgaste. Esto hace que el movimiento transite por momentos de alto impacto cultural y social a periodos de decadencia y se reactive nuevamente su latencia, de ahí que se hace necesario para la práctica de la ocupación, estar replanteando constantemente su que hacer, remodelando sus prácticas, reformulando sus estrategias, mutando, creando nuevos vínculos, conexiones con nuevas organizaciones, estableciendo alianzas con otros actores sociales e instalando la discusión crítica con ellos; cuestiones todas que recomponen, potencian y rearticulan la práctica okupa. Porque la okupación es una práctica político-social-cultural no puede, producto de su desgaste, devenir institución, ni mucho menos revitalizarse como suplemento a las necesidades que deja fuera la máquina burocrática, sino que ha de erigirse como acción para estatal, anticapital que se piensa y refunda constantemente.

(III) Ahora bien, ¿cuáles son los elementos propios a la acción de la okupación que le permiten repensarse y reinventarse a si misma y que la proyectan a seguir siendo un modo de resistencia y alternativa efectiva al capitalismo? Asumimos que las respuestas son múltiples por lo tanto estamos concientes que entonamos sólo un vector, sólo una línea de fuerza y esta consiste en advertir que la condición del movimiento okupa emerge del gesto radical y que este gesto es propiamente político, porque lo que se aborda y lo que da lugar a la existencia del movimiento ocupa es un conflicto. El hecho que algunas casas focalicen su quehacer a manifestaciones artísticas, en algunos casos ha derivado en el olvido de esta cuestión, produciéndose en el seno de nuestro actuar la estetización de la acción cotidiana, es decir la borradura de lo obvio, de que lo que está en juego en la okupación es una cuestión política y estética a la vez, si este acoplamiento no se tiene en cuenta, se genera un movimiento ocupa despolitizado, desideologizado o como queramos llamarlo; dejamos de ser parte de un tejido más amplio como el de los movimientos sociales, nos alejamos de ser un movimiento contestatario, rebelde, para oscilar como una alternativa posmoderna en donde hay cabida incluso para los que andan de “turismo okupa”.
Esta estetización que significaría en términos sencillos el mantenerse habitando en las formas sin interrogar por los contenidos o en la pura performance, implica también una cierta incomprensión de lo que significa hacer arte hoy en día, de cuál es el estatuto de lo que podemos llamar obras de arte actualmente y de cuál es el rol estratégico que juega éste en el contexto específico de su manifestación dentro de las acciones del movimiento okupa. Nos encontramos aquí a nuestro parecer con un problema crucial porque la estetización es un fenómeno que atraviesa todas las superficies sociales, ya no compramos productos sino marcas, ya no decimos que bien te ves sino que bien que te produces, la política tradicional se ha estetizado cuestión que podemos ver en los shows electorales, por poner sólo algunos ejemplos. Por eso atender a este problema es hacerle una finta al fascismo de la sociedad actual, intentando fundar en ese gesto otros modos de hacer y pensar el arte y desde ahí generar nuevas formas de hacer política.

Taller nómade
tallernomad@gmail.com

1 comentario:

terrorismo artistico dijo...

http:tesorodelsentidodelarte.blogspot.com